For Once, N24 Captures Exactly How I Feel

Of the despecho posts I’ve seen, I like this one the best so far.

No sé que haré en los próximos días, decidiré en mi fuero personal, hacia donde encaminaré mis pasos, cómo afrontaré esa realidad de saber que el país que quiero, no es ese, y que la mayoría de quienes me rodean, quiere otra cosa, una que, como demócrata, debo respetar por ser decisión de la mayoría, pero como persona no puedo hacerlo, porque no renuncio a mi dignidad ni a mi individualismo.

Quiero aclarar, porque nobleza obliga, que respeto y admiro profundamente a Henrique Capriles Radonski. Que me siento muy orgulloso de haberle dado mi voto, de haber estado poco más de siete horas en una cola para apoyarle. Radonski se ha ganado mi respeto, como político y como ser humano. Esto que pasó hoy no es su culpa, ni de quienes votamos por él. Reconozco en él, y en otros dignos civiles que le acompañaron, como Ramón Guillermo Aveledo, a un grupo de personas que, con sus errores, sin embargo sienten una innegable vocación de servicio a Venezuela, y eso, sería muy mezquino negarlo ahora, haciendo, como tanto gusta la gente deshonrosa, leña del árbol caído.

Esta no fue una derrota política. Aquí no se perdió porque la campaña estuvo mal, porque Capriles no hizo el trabajo, porque los jingles no eran pegajosos, porque Leopoldo López me cae mal. No, no, no, no y no. Aquí se perdió porque, como dije en aquel artículo, la mayoría de los venezolanos se identifica con esta forma de gobernar. Nosotros estamos dispuestos a aceptar el abuso y el atropello como forma de vida, naturalizamos la inseguridad, nos conformamos con la miseria, aceptamos gustosos vivir como lo hemos hecho en los últimos años: odiándonos. Y peor, en términos de alternabilidad democrática, los venezolanos, tanto los mayores como los que formamos parte de esa generación que anda por debajo de los 40 años, optamos por vivir la mayoría de nuestras vidas bajo un mismo gobierno, y lo trágico es que no es un gobierno impuesto por la fuerza sino elegido por todos, como si todos hubiéramos firmado una carta de renuncia a nuestra democracia.

Así de simple, y lo mejor es aceptarlo y actuar en consecuencia. No juzgo lo que decidan ustedes, ya yo decidiré qué hacer. Porque si la mayoría de los habitantes de un país vota por un candidato cuyos simpatizantes asesinaron a seis personas, cuyo único crimen era simpatizar con el candidato contrario. Y si ese país es el que te vio nacer. Tal vez haya llegado la hora de entender que ese país no te pertenece, o que tú no perteneces a él.